Opinión

Desarrollo inmobiliario: ¿Una amenaza al Agro?

Chile en el curso  del último siglo ha incrementado su población en más de cinco veces. Esto ha tenido como consecuencia una creciente demanda por soluciones habitacionales y de infraestructura para atenderla, acompañado por un acelerado proceso de urbanización y redistribución territorial. En 1907 solo el 43,2% de la población era urbano. Actualmente, se va acercando al 90%. Si consideramos además la fuerte concentración poblacional en la Región Metropolitana -la más pequeña del país, con solo un  2% de la superficie total de Chile y de la cual casi un 97% es urbana- nos enfrentamos a una fuerte demanda localizada.

Que en esas condiciones se produzca una escasez creciente de terrenos para hacer frente al crecimiento urbano, no debe mover a la extrañeza.

El fracaso de diferentes intentos de regionalización que pretendieron corregir la gran concentración en el Chile Central está a la vista y pareciera no existir voluntad política para resolver una situación que va para peor. El no actuar para corregir esta falencia no es solo consecuencia de la desidia; esconde intereses.

Problemas como éstos, que deberían presentarse como desafíos para generar soluciones creativas y positivas para la comunidad;  para otros, son oportunidades para lucrar en beneficio propio. A mayor demanda por suelo habitacional, con una oferta limitada – producto de la gran densidad territorial (446,9 habitantes/hectárea en la Región Metropolitana frente a 8,5 a nivel nacional y 107,3 para la región que le sigue: Valparaíso)- el valor del suelo se dispara. Las estadísticas  históricas muestran un  valor del suelo al alza, cada vez en forma más acelerada.

Lo expuesto ha llevado a valorar ciertos predios en un  monto tal, que a su propietario ya no le resulta rentable seguir dedicándolos a la actividad para la cual los tiene destinado actualmente.

De paso, se produce un efecto perverso, sobre todo en suelos dedicados al agro. Si el precio de la tierra no alcanza aún un valor atractivo al propietario como para enajenarlo para uso inmobiliario, allá está la presión política para conseguir un cambio de uso de suelo o un nuevo plano regulador adecuado a ese propósito. Ejemplos hay muchos; para que abundar en detalles.

Asociado a lo anterior, está la pérdida de suelo agrícola. Es el caso de nuestra provincia -El Maipo- que está enfrentando un crecimiento inmobiliario explosivo, con sacrificio de las mejores tierras de Chile. No olvidemos que la Ley de la Reforma Agraria del Presidente Frei Montalva, fijó como referencia para la emblemática  hectárea de riego básico nuestras tierras, por ser las de mejor calidad.

Nadie hace nada. Todos tienen algo que ganar. Hasta el que tiene un pequeño terreno agrícola, que mañana será urbano. Algo ganará. Por cierto, ese último es solo un partícipe menor en la repartición del botín. Son los grandes tiburones inmobiliarios los que mueven los hilos para que El Maipo y Chile pierda sus mejores tierras agrícolas.

Una propuesta para pensar: ¿Cuántos cerros que rodean la Región Metropolitana podrían acondicionarse para la construcción, dejando nuestros valles para producir el alimento para las generaciones venideras?  Tema para un próximo comentario.

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