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El sonido en la vida cotidiana

Es evidente que el ser humano, desde su nacimiento, se comporta primeramente como un ser auditivo más que visual; el oído se desarrolla en el feto siete meses y medio antes que el ojo (en el cuadragésimo quinto día del embarazo) y desde el nacimiento estamos expuestos a un sinfín de estímulos sonoros ineludibles, producto de que no tenemos control sobre este sentido. Sin embargo, ¿tenemos una real conciencia de la importancia de la audición en la vida humana?

Es necesario hacer notar entonces la diferencia que existe entre oír y escuchar. La primera acción denota una pasividad del individuo que recibe los estímulos sonoros; éste no utiliza la razón para identificarlos o encontrar relaciones entre ellos. La segunda acción conlleva ineludiblemente un esfuerzo, puesto que, al incorporar el pensamiento, estos estímulos sonoros producen una serie de reflexiones que comúnmente llamamos “rememoraciones”, entendidas éstas como la memoria complementada con los sentimientos que éstos nos evocan.

¿Qué ocurre entonces con la gran cantidad de estímulos sonoros que nos presenta nuestro entorno? ¿Buscan acaso un rol protagónico en el oyente? ¿Estamos frente a un inmoral uso de los recursos sonoros (musicales en algunos casos) que persiguen que audicionemos sin pensar?

Un ejemplo de este fenómeno podemos encontrarlo en la “muzak”, conocida comúnmente como “música de ascensor” o “música publicitaria”, en la cual el sonido es acompañado de series de imágenes cuyo propósito es tan diverso como incorrecto. ¿Qué rol juega el sonido en este tipo de música? ¿Qué tipo de actitud se espera por parte del auditor?

Quien parece haber entendido cabalmente la fenomenología del sonido fue el célebre compositor Richard Wagner  (1813-1883) quién, motivado por la necesidad de separar el estímulo visual del auditivo, creó el famoso teatro llamado Festspielhaus de Bayreuth, en el cual la orquesta se encontraba por debajo del escenario, a manera de ocultarla de la vista del espectador, ya que creía que “la constante visibilidad del mecanismo de producción de la música era un encordio agresivo”

Conocer estas particularidades históricas en relación a nuestra vida y el sonido nos hace preguntarnos un sinfín de aspectos que escapan a esta publicación, sin embargo no deja de ser inquietante el rol banal e incorrecto que damos a un fenómeno de la naturaleza tan complejo e importante como el sonido y la música. Sin duda, una reivindicación necesaria para nuestro sistema educativo.

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