Artículos

Ni la más fuerte ni la más ágil, pero la más atenta y dispuesta al cambio

Al igual que el medio vegetal, el ser humano es medido por el dulzor y tamaño de sus frutos. No todas las cosechas dan el resultado que esperamos. Pero cuando damos los riegos, nutrientes, fertilizantes y la cuidamos de las plagas esta flor naturalmente nos dará lo mejor de sí misma.

Corría el año 1917 y Europa vivía la guerra más cruel y sangrienta que ha conocido el hombre. El mundo estaba en caos, lleno de revoluciones tanto tecnológicas como culturales.  En la Ciudad de San Carlos, perdida en el sur de Chile, el día jueves 4 de octubre a las once de la noche; llega a este plano Violeta del Carmen Parra Sandoval, el tercer hijo proveniente del matrimonio judeocristiano entre Nicanor Parra y Clarisa Sandoval.

Nicanor (1887 – 1939), quien en ese entonces tenía 28 años y aún se mantenía soltero -algo muy poco usual para la época- conoció a Clarisa (1889 – p.) a fines de 1913 en el pueblo de San Fabián de Alinco.

Nicanor había sido destinado como profesor en el colegio Nº 10 de Niñas, donde Clarisa, quien había enviudado poco tiempo antes, tenía a sus dos hijas resultantes de este matrimonio. Parra era profesor de música y se dice que era un buen guitarrista y cantor, por lo que siempre estaba invitado a fiestas, bautizos, velorios, matrimonios y todos los lugares donde era necesario tener música que diera consuelo y/o alegrara los corazones.

Once meses después de la llegada de Nicanor al pueblo, el 5 de Septiembre de 1914, nace Nicanor, el mayor de los nueve Parra Sandoval, quien es el mentor e influyó profundamente a lo largo de toda la vida a “La Viola”, como él la llamaba.

Fue él quien la incentivó a dejar Chillán y partir a Santiago para terminar sus estudios. Cabe señalar que Violeta estuvo a meses de convertirse en profesora de enseñanza básica. Nicanor fue quien además le enseñó e incentivó a escribir su autobiografía en décimas, y en la década del 50 a grabar su primer disco con canciones inéditas previamente seleccionadas por él.

De una conversación en el departamento de Nicanor en calle Macgyver, Violeta entendió y aceptó su misión: salir a recolectar y llevar por todo el mundo las canciones viejas que escuchaba cuando visitaba a sus “tías”, las niñas de Aguilera, en el pueblo de Malloa.

Si bien, su gusto y fascinación por la música fue evidente desde pequeña no es posible considerar a Violeta Parra como una virtuosa del canto o una eximia guitarrista en sus inicios. Al igual que todos, la suma de las experiencias que vivió, las personas que la rodearon y los mitos que giran en torno a su vida la han convertido en este personaje tan icónico y relevante para la cultura chilena, Latino Americana, mundial y universal.

En mil años más gracias a ella, las generaciones venideras sabrán como sonaba, vivía y moría Chile y su gente en el siglo XIX. Cuenta la historia que junto a Hilda, Roberto y Eduardo formaron el grupo “Los Hermanos Parra”. En ese entonces no pasaban de ser uno de los tantos grupos que tocaban boleros, rancheras, música española y canciones que estuvieran de moda y correr de Estación Central a Mapocho y después a Franklin para así tocar en la mayor cantidad de locales y fiestas posible para subsistir en Santiago. Violeta con tan solo 17 años en ese entonces cumplía un papel secundario en esta agrupación. Solo hacía algunos coros y acompañaba con guitarra. La estrella era Hilda, su hermana mayor.

Yo creo que lo más relevante de la vida de Violeta es el ejemplo de perseverancia, constancia y lucha por lograr su sueño inclusive en contra de la adversidad. Escuchar y confiar en los que la rodearon y no sucumbir ante las presiones sociales y culturales demostrando que el ser humano no es el animal más fuerte, ágil y grande de la tierra pero sí aquel que más se logra adaptar a los cambios.

Comentar:

Comentarios: